Don Isaías Corona Bedolla, músico tradicional michoacano. 

09.06.2020
Fotografía: Mauricio Delgadillo
Fotografía: Mauricio Delgadillo

Don Isaías Corona Bedolla, músico tradicional michoacano

Por Ysrael González Castillo

Artículo biográfico publicado por la Secretaría de Cultura de Michoacán con fecha agosto de 2015 dentro del libro Tesoros vivos michoacanos. En esta versión se hacen algunas correcciones a la edición impresa en el libro.

Don Isaías Corona Bedolla tiene 103 años de edad al momento en el que se redacta este texto, marzo de 2015. Nació el 17 de mayo de 1911 en la comunidad de Las Puentes, Michoacán, localidad que corresponde a la Tenencia de Urapita, dentro del municipio de Ario de Rosales. Don Chayito, como cariñosamente le llamamos sus amigos, es el último músico que vive de aquellos que formaron parte de los legendarios Conjuntos de Arpa Grande Zicuirán y El Lindero. Estos conjuntos interpretaron un estilo que, a decir de Don Leandro Corona,[1] hermano de Don Chayo, estuvo difundido en los municipios de Churumuco, La Huacana y parte de Ario de Rosales. Los dos hermanos formaron parte de esta tradición sonera, Leandro en el violín y el jananeo y Don Chayo en el tamboreo, llegando a ser expertos en su interpretación. El revestido estilo cultivado por estos grandes músicos fue registrado por uno de los pioneros en la investigación de la música tradicional de México, el norteamericano José Raúl Hellmer, quien lo caracterizó como un estilo regional arcaico y muy fino[2] debido a sus reminiscencias barrocas. Don Bernardo Arroyo Álvarez, cronista local de esta tradición musical,[3] registró en sus relatos que el Conjunto Zicuirán fue descubierto un 22 de octubre en los concursos organizados dentro del marco de las fiestas de la Constitución en Apatzingán, donde obtuvieron el primer lugar. Cuenta también que en 1967 Raúl Hellmer llevó al Conjunto Zicuirán a la Alameda Central del Distrito Federal "con todas las músicas del país" donde afirmó "se sacaron el primer lugar por el compás y la tradición de los sones". También menciona que Don Chayo ganó dos veces el campeonato de tamboreo de arpa en Apatzingán, participando ante otros estilos de tamboreo de arpa de la Tierra Caliente. Desde su lejana infancia se echaba de ver que Don Chayito tenía traza y sentido musical, pues a los diez años aprendió a tocar la armonía, instrumento cordófono actualmente en desuso, con el que se acompañaron los jarabes de Tierra Fría. Aprendió a tocar el contrabajo, el violonchelo, el clarinete, la guitarra de golpe y la guitarra sexta. En 1944 organizó el conjunto de música Recuerdo de música de cuerda de San Pedro Jorullo con el que participó hasta 1955, cuando se fue a vivir a Zicuirán. Don Chayo aprendió a leer música y aún en el 2006 formó un trío de cuerdas llamado Los Gavilanes del Jorullo, con quienes culminó su vida musical. 

La herencia del gusto por la música

Don Isaías fue el cuarto hijo del matrimonio formado por Doña Bartolita Bedolla y Don Gabriel Corona. Los hijos de esta pareja fueron Socorro, Leandro, Constantina, Isaías y Anita. Desde muy jovencitos, Isaías y Leandro aprendieron a tocar la armonía gracias al sentido musical que heredaron y desarrollaron al observar a su padre, Don Gabriel Corona Madrigal, quien tocaba dicho instrumento y participaba de la tradición jarabera de Tierra Fría, junto a su hermano Zenón Corona en el arpa chica (conocida como arpa jarabera). Gabriel y Zenón, junto a su primo Felipe Pedraza en el violín; Tranquilino García en la requinta, además de Juan Murillo y Rafael Meza en la guitarra grande entorchada. Todos conformaron un conjunto jarabero que, a decir de Don Isaías, Don Bernardo y Don Leandro, fue muy famoso en Tierra Fría y en parte de Tierra Caliente, siendo su base Las Puentes, El Moral, El Capote, El Durazno y Urapita. Cabe mencionar que Don Leandro y Don Chayo consideraron al conjunto actual conocido como Los Capoteños como posibles descendientes de Los Capoteños viejos, con quienes sostienen que su padre y su tío Zenón compartieron la tradición jarabera de Tierra Fría. Esto es así porque estimaron que, probablemente, la presencia actual de Vicente Murillo está relacionada con los antiguos Murillo, a quienes Don Leandro describió como "unos señorones de piel rosada". Según se cuenta, estos músicos recorrieron a lomo de bestia amplios circuitos de comunidades en las que llegaron a interpretar jarabes y donde tuvieron gran fama. Partiendo de Urapita, recorrían El Durazno, La Palma Cuata, Las Puentes, La Yerbabuena, más para allá en Las Haciendas, Puruarán, Pedernales, El Cahulote, Tavera, La Lagunilla, El Hortigal. Partiendo por el rumbo de Tierra Caliente se dirigían hacia La Playa de Guadalupe, La Puerta de la Playa, La Agua Blanca, La Mata de Plátano, Los Tres Palos, Los Copales, El Naranjo de Jorullo, El Limón de Jorullo, El Zapote de Jorullo, El Zapatero, La Pedregosa, El Estradito, El Remate, El Changungal, El Naranjito, Pueblo Viejo, La Manga de Cuimbo y Cuimbo. Hacia el rumbo del municipio de Churumuco, su destino era El Ojo de Agua de Poturo, Poturo y Las Juntas, El Salitre y La Cañada del Tarepe. Regresándonos al municipio de La Huacana, podemos mencionar Las Carámicuas, La Joya de Álvarez, La Huacana, La Lajita, El Terrero, Cayaco, San Pedro Jorullo, La Cuesta de la Negra, El Arronjadero y Las Anonas. Bien, Don Isaías y Leandro llegaron de esta veta heredando el gusto por la música tradicional. Aunque ya no pudieron dedicarse a tocar los jarabes, pues cuando aún niños tuvieron que migrar con toda su familia a la Tierra Caliente a causa del desplazamiento provocado por el movimiento armado de la Revolución Mexicana, a la que ellos adjudicaron el final de la tradición de los jarabes de Tierra Fría. 

Migración y vida en Tierra Caliente

La familia Corona Bedolla migró a la Tierra Caliente llegando al rancho de La Joya, donde se avecindó con Librado Becerril, a partir de entonces su patrón, y en donde Don Isaías y Leandro vivieron su adolescencia. Ahí aprendieron los oficios de su señor padre, carpintería, agricultura y música. La familia Corona sembraba hortalizas y tabaco que luego trocaban en el mercado de San Pedro Jorullo, que era el más importante de la región y donde los comerciantes de Tierra Fría intercambiaban productos con los de Tierra Caliente. De la región Churumuqueña y Tierra Caliente llegaba cascalote, cuirindal, palma real para hacer sombreros o escobas, ajonjolí, jamaica, pescado fresco, tamarindo, cuentas de oro, etcétera. De la Tierra Fría, el chayote, mezcal, aguacate, chirimoyas, granada, quiote, chilacayotes, suaderos de ageo (hechos de fibras de palma) y trigo. Don Gabriel falleció en 1933 y ese mismo año Don Isaías se casó felizmente con Doña Anita González, quien fue el amor de su vida y a la que conoció cuando bajó con su caballo tordillo a una fiesta en La Cuesta de la Negra. Don Chayito relata que en esa fiesta hubo un baile de tabla en el que tocó el legendario arpero Don Natividad López.[4] Una vez casados se trasladaron a vivir a San Pedro Jorullo, donde se avecindaron en la Hacienda del Carro, siendo hacendado el señor Reyes Galindo, el cual le proporcionó tierras para que las trabajara. A la sombra de esa hacienda, de 1933 a 1955 nacieron sus diez hijos: Francisco, Gabriel, Isaías, Fernando, Aggeo, Ana María, Alberto, María Teresa, Mario y Armando. Fue en 1944 cuando organizó el conjunto Recuerdo de música de cuerda de San Pedro Jorullo. Algunos de los músicos de esta agrupación fueron Don Francisco Cisneros, Don Evaristo Cisneros, Don Juvenal Rodríguez, Don Guadalupe Huerta y Don Epifanio Núñez, de quien aprendió a leer partitura. Ahí fue también donde aprendió a tocar el contrabajo, el violonchelo, el clarinete, la guitarra de golpe y la guitarra sexta. Con esta agrupación interpretó varios géneros de la música popular mexicana, entre ellos, valses, bolero ranchero, canciones, corridos, sones y hasta tangos que se difundieron gracias a la llegada de los fonógrafos y de la radio. Algunos de los temas que le gustaron mucho fueron El nardo, Cuando escuches este vals, Viva mi desgracia, Julia, El zopilote mojado, Zacatecas. Don Isaías gustaba mucho de cantar. Tenía un registro alto y una voz muy afinada. Sin embargo, fue su participación como tamboreador de arpa dentro de los conjuntos de arpa grande, la que le hizo visible fuera del ámbito regional campesino en el que desarrolló su vida musical. Participó en el referido conjunto de cuerdas hasta 1955, cuando se fue definitivamente. Ocurrió que en ese mismo año, al tiempo que se daba la apertura de tierras de cultivo en Zicuirán, gracias a la construcción de la presa del mismo nombre, falleció el hacendado Reyes Galindo, este último suceso dejó a Don Isaías sin tierra para trabajar. Ya en Zicuirán fue donde se organizó con los conjuntos de arpa grande de Don Antioco Garibay y Don Alfonso Peñaloza, de 1960 a 1975, de quienes fue tamboreador. 

Su participación en la tradición sonera de Churumuco y La Huacana

Don Chayo logró ser un tamboreador experto y ampliamente reconocido por la gente del gusto de la tradición sonera de Churumuco y La Huacana. Recordemos que la práctica tradicional del tamboreo o cacheteo del arpa dentro de esta región es una de las expresiones musicales que caracterizaron a los conjuntos de arpa grande. El tamboreo junto a la guitarra da el pulso con el que se ha de tocar el son, determinando la dinámica con la que se ha de bailar sobre la tabla. Don Isaías se enseñó a tamborear el arpa observando a dos expertos tamboreadores: Don Sabás Cuevas y Don Tomás Cuevas,[5] ambos bailadores y primos entre sí. Ellos acompañaron a Don Jesús Becerra, Don José Cuevas, y a Don Natividad López, arperos que venían del siglo XIX y con quienes Leandro y él se iniciaron en la tradición de los sones. Don Chayo recuerda que en los años treinta tamboreó para Don Jesús Becerra en el Cayaco o La Galera. Sin embargo, fue su participación con el Conjunto Zicuirán, conformado por Don Antioco Garibay en el arpa, Don Vicente Hernández en la guitarra de golpe y su hermano, Don Leandro Corona junto a Don José Jiménez en los violines, cuando su tradición musical fue apreciada más allá del ámbito regional. Asimismo, tamboreó para el antiguo conjunto El Lindero con su hermano Don Leandro y Don José Jiménez en los violines y junto a Don Alfonso Peñaloza en el arpa y Don Tomás Andrés Huato en la guitarra de golpe. De modo que fueron estos dos conjuntos los últimos que, originados dentro de la tradición, retomaron, cultivaron y desarrollaron un estilo altamente complejo desde el punto de vista musical y muy interesante como proceso dentro de la tradición mestiza de la Tierra Caliente. Hoy, Don Chayo es el último músico vivo que queda de ellos. Afortunadamente quedaron algunos registros de investigadores como Henrietta Yurchenco, Raúl Hellmer, Federico Arana, Beno Lieberman, Enrique Ramírez de Arellano, Eduardo Llerenas, entre otros, que dan cuenta de tan excepcional y fascinante estilo. 

El repertorio que interpretaron fue muy extenso. Contenía gustos, chilenas, sones derechos y atravesados. Identificados estos últimos por los músicos de entonces como sones ejecutivos, una de sus características -aunque no siempre se presenta del mismo modo- es el contratiempo entre las melodías del violín, el verso y los jananeos en relación con el tiempo fuerte del compás o la armonía. Dichos sones sólo pueden ser tamboreados por músicos expertos como Don Chayito. También hubo malagueñas e indias y uno que otro jarabe que lograron conservar. Aunque una gran parte de este repertorio sólo ha sido registrado dentro de esta región, una parte significativa estaba conformada por sones compartidos con otras regiones soneras del occidente del país. Los sones más conocidos fuera de la región fueron publicados en el disco La Polvadera por Discos Corason en 1999.[6] 

Don Isaías Corona Bedolla fue reconocido por su larga trayectoria y por su aportación a la música tradicional de la Tierra Caliente durante el Segundo Encuentro de Música y Baile Tradicional "Verso y Redoble", organizado por el Centro Cultural UNAM-Campus Morelia, (realizado del 2 al 4 de abril del 2014). En el marco de este encuentro se le brindó un merecido homenaje en el Teatro Morelos, en el que participó el actual con junto El Lindero de Don Abel Peñaloza y Los Marineros de Tepalcatepec. ¡Enhorabuena por este merecido homenaje a Don Isaías Corona Bedolla!


[1] Experto músico violinista de esta tradición, falleció en el año 2009, a los 102 años de edad.

[2] "Dentro del estilo general de los conjuntos de Tierra Caliente, hay variantes de importancia, el rancho de Zicuirán ha estado aislado del resto de Tierra Caliente por falta de comunicación hasta muy recientemente, y ha conservado un estilo regional arcaico y muy fino por parte de sus ejecutantes de sones. " José Raúl Hellmer, tomado del programa de la serie Folklore Mexicano, producido por el profesor Raúl Hellmer para Radio Universidad, 1966-1969.

[3] Fallecido en el 2011, cuñado de Leandro Corona Bedolla.

[4] Arpero de Guadalupe Oropeo nacido en el s. XIX, integrante del conjunto Los Gualupeños con su hermano Simón López en el violín y su primo hermano Esteban López en la guitarra de golpe. 

[5] Esto lo narra Don Isaías Corona en una charla con Juan Moreno, quien amablemente me compartió el registro.

[6] Esta grabación publicada por Discos Corason en 1999 presenta algunos de los sones que fueron grabados en 1975. Grabación realizada por Enrique Ramírez de Arellano; producción de Eduardo Llerenas; Investigación de Enrique Ramírez de Arellano, Eduardo Llerenas y Federico Arana.